Escrito por María Judith Salazar

Este año ha puesto el mundo de cabeza. Nos tocaba la última graduación de nuestros hijos. Ella estaba ilusionada. Este año no iba a ser posible la celebración como en otros años. Todo iba a ser, en principio, por el medio digital. Eso entristecía a mi hija, pero no había nada que hacer. Para la ceremonia de graduación y una misa de despedida nos conectamos por Zoom. Ya que estábamos en la casa aprovechamos y nos vestimos lo mejor posible. El problema vino cuando nos dijeron que la fotografía de graduada sería en el colegio.

La verdad con mi marido y mis hijos hemos decido apenas salir. El supermercado y poco más. Esto del virus es engañoso y las personas son potenciales “enemigos”. Es feo decirlo, yo sé. Y si alguien sale hay todo este proceso de desinfección a la vuelta que es bastante incómodo. Y la ropa de inmediato a lavarse. La ropa se daña así, entonces uno sale con lo peorsito.

Pero claro, teníamos que ir al colegio y no podíamos ir mal (tan mal, digamos). Yo sí elegí un vestido bonito, sea lo que sea es la graduación de mi hija. Pero mi esposo, ese sí que es complicado, y no quería ponerse terno por eso del maltrato de la ropa. Lo logré convencer de que se comprara un suéter o saco, nunca supe cómo se decía. Fuimos a Tenderati que para este tipo de cosas es bastante útil. Digo, tener un centro comercial en el bolsillo es bueno. Le compré por DBond que es un clásico. Sí le gustó y llegó a tiempo. Fue con eso sobre la camisa y ya más elegante. Igual qué pena por mi hija que hubiera querido otra cosa.

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