Una de las preguntas que han surgido en las sobremesas y en las largas conversaciones de viernes es cómo hacen ciertas empresas para sobrevivir el enclaustramiento social. Se comprende con facilidad que restaurantes y ―tal vez― negocios de electrodomésticos se pasen al mundo digital como quien pone una ventana para dejar entrar el viento. Hay que buscar la manera de hacerse visible al consumidor. “No tener miedo a las herramientas digitales,” es la sugerencia de Rosi Tamayo, coordinadora de marketing en Depilarte Ecuador. Su historia es un ejemplo para la pregunta mencionada, esa al cabo de la cena. ¿Cómo un negocio de depilación sobrevive o genera interés en una sociedad aun cohibida por el coronavirus?

Depilarte aun con su fuerza y su nombre (franquicia internacional en 6 países: nos causa verdadero honor que forme parte de la familia Tenderati) se encontró en la disyuntiva de cómo proceder en un momento en que se prohibía la salida a las calles. Ya se ha dicho que la victoria solo le pertenece a los que la buscan. Y sí, la historia de Depilarte es la de muchos emprendedores que saltaron a lo digital. En el caso de Tenderati, nos complace decir que desde el inicio quisimos ser un escaparate para todo tipo de negocios. E hicimos hincapié en el “todos” con eso de que somos un mall virtual. Mejor, dejemos que Rosi Tamayo nos cuenta su propia experiencia. Es una historia de muchas ―sí, de esas de superación y valentía― que conocemos ya en Tenderati.

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