El auge de las tecnologías ha dado un golpe sobre la mesa en lo referente a las comunicaciones humanas. Tales paradigmas como la inmediatez, el acceso total a información y productos, el yo digital que recorre el universo dentro de la red, han cambiado nuestros hábitos comunicativos así como la manera de conocer y experimentar la realidad. Eje esencial del mundo comunicativo es el comercio, el intercambio de bienes. Conversamos por pasar el tiempo, por conocer a una persona, por amor, conversamos por desinterés. No es menos cierto que conversamos por interés, porque necesitamos cosas en concreto y buscamos en otros, a través de la palabra, lo que carecemos.

El intercambio de bienes es tan antiguo como el hombre. La incapacidad de hacerlo todo, de necesitar más bienes de los que se es capaz de producir, la insatisfacción frecuente, llevaron al ser humano al comercio, al intercambio. Al inicio, el trueque. Te doy tres papas, me das un trozo de carne. Luego el surgimiento de un medio de intercambio, un valor independiente, lo que hoy conocemos como dinero. Entonces se llamó sal (el origen de la palabra salario) o Spondylus, es decir, productos a los que se les asignaba un valor más allá de su valor intrínseco: el alimenticio. Te pago tus tres papas con un poco de sal. Te pago tu trozo de carne con dos Spondylus. Y así hasta que llegamos al dinero. Tres papas por 0,40 centavos. Un trozo de carne por $5.

¿Cómo acercar el producto a la gente? ¿Cómo mostrar las ventajas y valores de lo que ofrecemos? ¿Cómo decirles: hola, soy Tenderati, me parece que te puede interesar esto que tengo aquí? Bien, ese ha sido desde siempre el cometido del Marketing.

Antes, sin embargo, lo que se conoce como Marketing Tradicional (desde ahora MT) repetía las preguntas apenas aludidas. Cómo yo (entiéndase la marca) me puedo hacer interesante a tus ojos. Además, yo te doy las pautas de qué pensar de mi. Publicidad en diarios, en radio, en TV. Es decir, unilateralidad, valor hoy desaparecido con el surgimiento del Marketing Digital (MD).

La tecnología nos pone en tu bolsillo, frente a tus ojos a lo largo del día, estamos contigo. No nos interesa tanto lo que te digamos ―a lo mejor es solo nuestra percepción― como lo que tú piensas de nosotros. Queremos conversar, queremos confianza, queremos transparencia y credibilidad.

No te queremos decir qué pensar o qué hacer con nuestros productos, queremos que tú nos sugieras cosas, que nos digas: esto no me gusta, me siento estafado, o que digas: wow, está de locos esto, lo quiero compartir a mis contactos, a mis amigos. Queremos saber de ti, nunca antes nos ha hecho tanta falta y ahora vemos que lo anhelamos sin saberlo durante tanto tiempo.

Hoy ya no nos interesa ofrecerte sin más nuestras cosas, decirte: soy bueno en esto y por eso te lo ofrezco, no, queremos que tú nos ayudes a mejorar, que nos ayudes a ayudarte. Yo, Tenderati, no sé casi nada, pero quiero saber de ti para poder darte lo que necesitas. Tú me ayudas, yo te ayudo. Tú eres Tenderati, tú eres realmente lo que somos. Y nada nos llena más que verte feliz.

Cuéntanos. Dinos lo que crees. Y si te gusta, compártelo. Lo bueno se comparte, ¿no? Y si no te gusta, te comprendemos, dinos qué no te gustó, qué podemos mejorar. Queremos que tengas experiencias con Tenderati, y siempre que podamos lo haremos mejor.

A este fenómeno, los estudiosos del Marketing lo llamaron Marketing Conversacional. Bidireccionalidad. Mira, no somos un ente lejano y abstracto que te vende productos, somos humanos como tú y queremos extenderte la mano. La tecnología nos ha permitido esta cercanía. El MD es el presente y el futuro, ¿quieres recorrer ese camino a nuestro lado? Nosotros, sí. El Marketing hoy se hace conversando. Tú eres Tenderati.

Para descargar Tenderati, entra al siguiente link: https://bit.ly/tenderati