Escrito por José Abel Pino.

El coronavirus ha devorado lo que se le ha presentado en frente. Países, ciudades, personas de toda clase social, días, meses, cumpleaños, fechas cívicas, aniversarios románticos. Ahora se avecina el checkpoint del Día del Padre el próximo domingo 21 de junio. El coronavirus lo lleva todo sobre sus espaldas, las buenas intenciones, los almuerzos que no serán o que no lo serán como en otros años, los chistes bajo las mascarillas como excusándose o como si se dijeran las cosas en secreto. El día se viene encima y me preguntaba qué detalle podía tener con mi viejo. ¿Cocinar algo? Sí. Aunque es lo que con más o menos esfuerzo hemos procurado hacer por él últimamente. ¿Preparar un baile familiar? No le gusta bailar. Y así, estaba dándole a la cabeza.

Tenderati. La aplicación es nueva y llegaba en el momento ideal. Lo que quiero decir es que, de acuerdo, le podía hacer algo con mis propias manos. Tiene ese valor poético del ensuciarse las manos, pero ya lo he hecho los meses pasados. Quería darle un recuerdo, comprarle algo como hubiera hecho fuera de esta situación. Salir de la casa es peligroso. No creo que justifique dar una vuelta por ahí para comprar un detalle. Entonces llegó a mis manos la novedad de la aplicación. Un Mall digital. Pensé, con secreto regocijo, que tenía en mi bolsillo El Jardín o el Scala. Ahí estaba todo. No tenía que salir de mi casa. Apenas tenía que sacar el celular y “vitrinear” los almacenes. Lo que eligiera me llegaría a domicilio. Fabuloso.

Tomé un buque y me lancé a las aguas del comercio. ¿Qué le podría interesar a mi papá?

Cuando me encontré con que había Pavarotti, mis ilusiones, vanas al fin, de hacerle un almuerzo se vieron humilladas. Me sorprendió que un restaurante así estuviera en Tenderati. La verdad que está bien esto, pensé. Ya lo imaginaba a mi viejo con el Osso Bucco en el plato. Al final, no compré. Me incliné por eso de la poesía de las manos sucias. Fanfarronadas.

Regresé a la sección Restaurantes y me tentó Le Marché. En realidad fue curiosidad. No me esperaba ese tipo de restaurantes en la aplicación. La ojeé. Los croissants y los baguettes me hacían la boca agua. Imaginaba ese crujido al morderlos. Esto de desayuno…

Podía ser. Lo de Pavarotti volvía a mi mente también. Y había más opciones. Opté por buscar productos de otra naturaleza. El apartado de Bebidas tiene su atractivo. Encontré una tienda que no conocía. Don Zamo Delivery. Tal vez mi papá no estaba precisamente para una fiesta. ¿Un bajativo? ¿Un whisky para acompañar el caer del sol con hielos que parecen de caramelo? Quizá.

Bien, para comida o bebida ya estaba suficiente, creí entonces. ¿Le cocino, le canto? Un detallito más le puedo conseguir. Busqué la clásica billetera. Sí, ahí estaba. En Gp & Kas había distintas opciones. Se dedican a artículos de cuero. Por ejemplo, correas. Era otra posibilidad.

Tal vez debería hacerme un pedido en Don Zamo Delivery antes y pensarlo con el dulce alcohol patinando sobre la lengua.

No sé qué hacer. Todavía no estoy seguro. Las posibilidades se multiplicaban. Pienso, le hago el almuerzo, preparo un video con saludos y una película al final para adormecer el tiempo. Eso y me ahorro. No, no. Son buenos productos. ¿Le pido el Osso Bucco o el desayuno francés? ¿Un Johnnie Double Black? ¿Le compro todo?

Hay que ahorrar. Le cocino, ya está. Y le hago lo de los saludos. Le escribo a mis hermanas que digan dos, tres palabras. Algo para alegrarle el día. Pensaba de todo.

¿Unas flores? Vamos, los hombres también somos sensibles. Se las pongo sobre la mesa. Ya lo veo, el mantel blanco y el explosivo rojo de unas rosas o un arreglo floral de llamaradas naranja. Le daría un aire de campiña. Busqué y sí: Ecuabloom y Floristería tentación.

Fui a la cocina para despejarme. A veces cuando uno tiene demasiadas opciones se obnubila. Me puse a contemplar la escarpada cordillera de platos y vasos, de sartenes, de hoyas. El silencio solo interrumpido por el goteo del grifo. Me serví un poco de agua en taza. Me apoyé en el mesón y contemplé la cocina del edificio de enfrente. Uno vive en sus problemas y olvida que no es el único con ellos. Pensé que me volvía loco, a qué tanta extraña reflexión pensando en un detalle para el Día del Padre. El confinamiento ha traído tanto silencio, tantos instantes de sorpresiva reflexión, a lo mejor es porque no hay tráfico, que uno piensa de todo. Me terminé el agua y dejé la taza.

Regresé a la aplicación. Mi viejo no es mucho de tecnología. Geek Corp. Me quedé prendado de la tienda. Había cargadores de celular con diseños tan retro que me daba risa. El furor de los 90. También Emoji y cosas así. Imaginaba la cara de mi papá cuando le diera uno de esos. Me miraría como si le hubiera tomado el pelo. Quizá me compró algo para mi.

Miré la taza al costado de la ruma. Volví varias veces a la taza. Me habré pasado unos 5-10 minutos en la cocina. Qué estrés que la situación no termine de mejorar, pensé o algo parecido. ¿Cuánto tiempo más viviremos en estas condiciones? La taza. La misma taza que utilizo para desayunar. A decir verdad, qué manera de utilizar esa taza. ¿Una taza? ¿Y si le doy una taza a mi papá? Encontré en Coccoart distintas opciones. Desde tazas hasta termos. Podría ser.

En todo caso, por suerte aun tengo una semana para pensarlo y para revisar, si me animo, otras tiendas. Seguro encontraré en Tenderati lo que necesito.

Para descargar Tenderati, entra al siguiente link: https://bit.ly/tenderati